La aparición de los teléfonos inteligentes (smartphones)/ móviles ha supuesto un antes y un después en nuestra forma de comunicarnos, informarnos y entretenernos. Estos dispositivos, con una enorme capacidad, han pasado a manos de toda la población: niños, adolescentes y adultos. Y lo que en principio parecía una herramienta útil, se ha convertido para muchos en una fuente de dependencia.
Adicción al móvil en los adolescentes
Los padres empiezan a alarmarse cuando comprueban que no pueden retirar el móvil a sus hijos sin consecuencias emocionales graves. Pero la realidad es que tampoco los adultos somos capaces de desprendernos del dispositivo.
Ejemplos diarios como adolescentes sentados en el gimnasio más pendientes del móvil que del ejercicio; niños que reciben el teléfono cuando se aburren, no comen o se impacientan en una reunión familiar. El móvil se ha convertido en el calmante o una forma sencilla de que los niños no molesten a los padres. Sin darnos cuenta todos grandes y pequeños, nos estamos perdiendo un MUNDO MARAVILLOSO que existe más allá de las pantallas.
Los psicólogos nos alertan, cuando una persona se aburre o busca una pequeña dosis de placer inmediato, recurre al móvil. Esto activa la dopamina, el neurotransmisor del placer, y nos engancha. Así se genera una conducta adictiva que, en muchos casos, da lugar a síntomas de abstinencia al intentar limitar o quitar su uso.
“Contratos uso de móviles”
En algunos medios han aparecido iniciativas como “contratos entre padres”, donde se pacta entre padres e hijos limitar el uso de móviles. Aunque con buena intención, estas fórmulas son poco efectivas si no hay un compromiso individual y constante desde cada familia.
El problema no se resuelve con normas generales si no van acompañadas de ejemplo y coherencia. Somos los propios adultos quienes hemos entregado a nuestros hijos dispositivos de alta gama, muchas veces sin supervisión ni límite de uso.
Limitar el uso del móvil adolescente y niños
Debemos actuar desde el entorno familiar, con sentido común y medidas claras:
Ejemplaridad
No podemos pedir a nuestros hijos que dejen el móvil si nosotros no somos capaces de hacerlo.
Tiempos de uso definidos
El móvil debe usarse con límites. No puede estar presente en la cama ni ser lo primero que se consulte al despertar.
Supervisión activa
Sí, los padres deben inmiscuirse en el uso que sus hijos hacen del móvil. La intimidad digital del menor debe ser acompañada y orientada.
Modelo de uso saludable
Mostrar un uso racional y útil de la tecnología. No demonizar, pero sí educar.
Tiempo máximo recomendado
Un uso por encima de las 2 horas diarias en ocio es considerado un signo de alerta que puede indicar adicción.
El móvil no es malo en si, pero SI un uso inadecuado, de hecho, son herramientas imprescindibles para muchas actividades. Pero su uso debe ser consciente y supervisado.
En próximos encuentros, hablaremos también de inteligencia artificial y su impacto en la infancia y adolescencia.

