Uno de los momentos más habituales de tensión entre padres e hijos durante la adolescencia, es sin dudas, el que aparece cuando se plantea el tema de salir con amigos y acordar la hora de llegada a casa. A partir de los 15 o 16 años muchos adolescentes comienzan a pedir mayor libertad para participar en situaciones de la vida cotidiana de su edad: quedar con amigos, ir a discotecas o fiestas, reunirse en espacios públicos o acudir a eventos propios de la juventud.
Aquí se presenta una escena bastante habitual. Una adolescente se prepara para salir con sus amigas, vestida con la ropa habitual entre jóvenes de su edad y comienza el momento de la negociación sobre la hora de regreso. En este punto aparecen en escena unos determinados elementos de componente social.
Frases como:
- “A mis amigas les dejan volver más tarde que a mí”
- “Me tengo que ir justo cuando empieza lo bueno”
Son parte del discurso habitual en estas conversaciones. Para el adolescente, la comparación con el grupo es un potente argumento, ya que durante esta etapa la pertenencia social adquiere un peso emocional muy relevante.
A veces la situación se complica cuando aparecen o intervienen otras figuras familiares. Si la abuela está presente, puede surgir la posibilidad de ampliar el horario media hora más; si aparece la tía “moderna”, puede defender posturas mucho más permisivas, argumentando que lo que un adolescente hace a las cinco de la mañana podría hacerlo igualmente a las ocho de la tarde. Este tipo de situaciones reflejan algo muy habitual: la negociación familiar alrededor de los límites.
Principio de negociación y sentido común
Sin embargo, más allá de las diferencias de opinión, existen dos elementos fundamentales que deben guiar estas decisiones: la negociación razonable y el sentido común.
El sentido común implica entender que los adolescentes necesitan espacios de ocio adecuados a su edad. No resulta recomendable que compartan entornos nocturnos donde la mayoría de las personas pertenecen a generaciones muy diferentes o donde el contexto no favorece un ocio saludable. La diversión adolescente debería basarse en actividades propias de su etapa evolutiva, donde la socialización se produzca de forma natural y segura.
También es importante el momento en el que se produce esta conversación. Muchas familias establecen el horario de llegada justo cuando el adolescente se dispone a salir de casa, móvil en mano, escribiendo a sus amigos y con prisa por salir.
En ese momento aparecen preguntas como:
- ¿A qué hora tienes pensado volver?
- ¿Con quién vas exactamente?
- ¿Dónde vais a estar?
- ¿Cómo venís de vuelta?
En estos momentos en los que comienza la negociación, lo más probable es que la conversación se convierta en una discusión. Las normas de ocio y los horarios deberían haber sido trabajados mucho antes, en la dinámica habitual de la familia.
Anticiparse a la negociación. Adelantarse
Educar en responsabilidad y autonomía durante la adolescencia requiere constancia, diálogo y coherencia. No es una decisión que se tome en cinco minutos antes de salir por la puerta. Sino de un acompañamiento al adolescente día a día, establecer límites claros y generar confianza progresivamente.

Gestionar la hora de llegada no es solo una cuestión de horario. Es parte de un aprendizaje más amplio en el que el adolescente empieza a entender que la libertad siempre va acompañada de responsabilidad. Y ese aprendizaje, como ocurre con muchos aspectos de la educación, se construye con tiempo, paciencia y trabajo diario.
Desde Parla Educa entendemos vuestras inquietudes como padres y nos ponemos vuestro lugar. Estamos a vuestra disposición para orientaros y asesoraros en cualquier momento, sin compromiso.

